Kainos Ktisis
  ¿Por qué guardas el sábado?
 

¿Por qué guardas el sábado?

 

Si alguien le pregunta a un adventista promedio por qué guarda el sábado, seguramente respondería sin vacilar que lo hace porque la Ley de Dios lo ordena en el cuar­to mandamiento. Explicaría, además, que los Diez Manda­mientos están plenamente vigentes, dado que Cristo no vino para abrogar la Ley, sino para cumplida (Mat. 5: 17). La fe en Cristo no invalida la Ley, sino que la confirma (Rom. 3:31).

Sin desconocer la indiscutible validez e importancia de esta respuesta (que podría ser desarrollada mucho más extensamente), la pregunta puede ir más allá, buscando la mo­tivación que sustenta la observancia del sábado. ¿Qué te im­pulsa a guardar e! sábado? Se han dado al menos tres res­puestas, no siempre verbalizadas, pero sí visibles por sus consecuencias prácticas.

 

Quiero ser salvo

Es una buena respuesta, pero insuficiente. Corre el riesgo de concentrarse en la Ley, olvidando que el propósito de esta es guiarnos a su Autor. Quien guarda el sábado porque quie­re ser salvo, difícilmente podrá evitar el legalismo; es decir, observado para tener derecho a la salvación. Su atención se enfocará en lo que debe hacer, y especialmente en lo que no debe hacer, para ganar la salvación. En la práctica, esta moti­vación lleva a una observancia formal y estricta del sábado, que llega a ser una carga que hay que soportar, casi un casti­go.  En la iglesia, esta actitud podría verse reflejada en aque­llos que asisten al culto, pero no se abren al calor del amor cristiano con los demás hermanos, ni prestan atención a las visitas. Están enfrascados en el cumplimiento de las reglas que les garanticen una fiel observancia del sábado. Posible­mente, en la despedida del sábado se encuentren tan insatisfechos espi­ritualmente como el día anterior.

 

Quiero las bendiciones del sábado

Otra vez, una buena respues­ta, pero incompleta. Como la observancia rigurosa que resulta del legalismo es difícil de sobrellevar, hay quienes han buscado la solución enfatizando que el sábado fue hecho por causa del hombre, y no e! hom­bre por causa de! sábado (Mar. 2:27). Por lo tanto, e! sábado debe estar al servicio de! ser humano y su felicidad. Desde este punto de vista, la observancia formal del sábado no es tan importante como  los beneficios que el sábado debe dejar a quien lo guarde. En la práctica, esta motivación lleva a una observancia más bien egoísta del sábado, en la que se busca la comodidad y el placer. Por temor al legalismo, Se corre e! peligro de tomar a la ligera el cuarto mandamiento. Lamenta­blemente, quienes guardan el sábado de esta manera, posible­mente disfrutan de las bendiciones del descanso físico y mental que lo acompañan, pero reciben una escasa bendición espiritual.

 

Amo a mi Señor (S. Juan 14:15; 1Juan 5:2)

Esta es la motivación correcta para la observancia del sá­bado. Cuando se la adopta, trae junto con ella los beneficios que buscan las dos motivaciones anteriores. [1] Nace de un cora­zón que ha experimentado el amor perdonador y transforma­dor de Dios. [2] Como consecuencia, la persona ama a Dios y desea agradarle. Quien ha nacido de nuevo no guarda el sá­bado para recibir la salvación, sino porque ya la ha recibido por la fe. En la práctica, esta motivación lleva a una obser­vancia muy cuidadosa del sábado, pero al mismo tiempo ple­namente feliz. El centro de su atención no es establecer lo que se debe y lo que no se debe hacer durante el sábado. Tampoco es encontrar cómo pasarlo bien y divertido. [3] Su principal interés es crecer en amistad con el Señor, conocerlo por medio de los escritos inspirados y su revelación en la na­turaleza, aprender cuál es su voluntad y [4] compartir su amor con los demás.

 

Quien guarda e! sábado por amor a Dios, realiza una preparación esmerada para recibido con alegría. Toma en serio la puesta del sol y dedica. Junto con su familia, unos momen­tos para darle la bienvenida al Señor del sábado. No permite que el deseo de hacer algo más antes que oscurezca deje a Cristo esperando ese encuentro especial.

Cuando el amor al Señor sustenta la observancia del sábado, los dilemas acerca de cómo guardado se aclaran. Para el verdadero amor, tal como lo describe Pablo (1º Cor. 13:4-8), hacer la voluntad del ser amado es el gran objetivo, aun eso implica un sacrificio personal. Quien está imbuido de este amor, con alegría se abstiene de hacer su propia voluntad (trabajo, estudio, diversión), andar en sus propios cami­nos (viaje en beneficio propio) y hablar sus propias palabras conversación que aparte la atención de los asuntos espiri­tuales) durante las horas sagradas (Isa. 58:13, 14).

El amor a Dios no puede quedar encerrado en el corazón, sino que brota en acciones desinteresadas en favor de otros. El creyente se esfuerza para darlo a conocer a quienes todavía no tienen ese privilegio. Cuando se acerca la puesta del sol, no espera impaciente que termine el sábado, sino que, disfruta de la compañía del Señor hasta el último minuto.

[5] La observancia del sábado por  amor a Dios tiene un efec­to santificador sobre la vida (Eze. 20:12).

[6] Al centrar los pensa­mientos en el Señor, el carácter se va transformando paula­tinamente a su imagen (2 Coro 3:18).

[7] La influencia de un sá­bado en comunión con Dios se prolonga a lo largo de la semana.

¿ Por qué guardas e! sábado? Dos de las tres respuestas son insatisfactorias, porque no hacen justicia al espíritu de la Ley (en un caso), ni a la letra (en el otro). El remedio para la obediencia legalista de la Ley no es una "obediencia light (una forma disfrazada de desobediencia), sino una obe­diencia por amor.

Es bueno recordar que el sábado fue hecho por causa del hombre. Pero, también es necesario tener presente que Cristo el Señor del Sábado, y no el hombre (Mar. 2:28). El sábado existe para el hombre, pero el hombre no es un fin en sí mismo. La razón de su existencia no se agota en él. El hom­bre fue "creado para vivir en comunión con Dios, [y] puede encontrar su verdadera vida y su auténtico desarrollo única­mente en esa comunión".

¿Por qué guardas el sábado? Quizá no sea fácil responder con palabras esta pregunta. Pero la forma en que viviste el último sábado indudablemente expresa tu respuesta.

 

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-Carlos A. Steger, director del la Revista Adventista, se le puede escribir a: carlos.steger@aces.com.ar

-Publicado por la Revista Adventista, Junio del 2003.

 

 

 
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