Kainos Ktisis
  Mitos sobre la Mayordomía Cristiana
 

 

Parte 03:

Mitos sobre la Mayordomía Cristiana

 

Introducción

Todo país, provincia, ciudad y organizaciones desarrollan su folclore, con sus leyendas y mitos; y esto también puede suceder dentro de la iglesia por falta de conocimiento, orientación y entrenamiento. Podemos ver esto notablemente en la mayordomía cristiana, dentro de la cual se crearon y aceptaron muchos mitos como si fueran verdades de la Palabra de Dios.

 

Algunos mitos que se han creado en nuestras iglesias

 

Primer mito: La mayordomía cristiana tiene que ver, básicamente, con el dinero.

Esto no es cierto; la mayordomía cristiana es el señorío

de Cristo en la vida, es un estilo de vida, es un asunto

del corazón; no un asunto meramente financiero. Para

el creyente, el dinero está relacionado con la adoración,

mientras que para el incrédulo está relacionado con el

materialismo y el consumismo; por lo tanto, decir que

la mayordomía cristiana tiene que ver básicamente con

el dinero no es una forma bíblica de pensar.

El centro de la cuestión no es el dinero sino a quién adoraremos con lo que somos y con lo que tenemos. ¿Cuáles son las fuerzas que están disputando nuestro corazón? ¿Entendió usted el por qué de la cuestión?

 

Segundo mito: Sostengo a la iglesia con mis diezmos y ofrendas.

Esto no es cierto, porque los diezmos y las ofrendas no son nuestros, pertenecen al Señor. Leamos con atención lo siguiente: "Dios extiende su mano sobre los diezmos tanto como sobre los donativos y las ofrendas, y dice: 'Esto me pertenece.

Cuando os confié mis bienes, especifiqué que una parte debía ser vuestra, para

suplir vuestras necesidades, y otra porción debía devolvérseme. '” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 50).

Antes que nada, los diezmos y las ofrendas significan adoración a Dios. Por lo tanto, no somos nosotros los que sostenemos a la iglesia; es Dios quien la sostiene.

 

Tercer mito: Trabajo para Dios, soy sólo un voluntario en la obra de Dios.

Es una declaración bonita; pero, ¿reflejará toda la verdad? Un socio no es un empleado. Como socio, ¿se acomodaría usted o haría todo lo que estuviera a su alcance para ver crecer su empresa? Por lo tanto, para los que aceptaron a Cristo como Señor, la palabra voluntario no es apropiada porque presupone:

- participaré si no hay otra cosa más importante para hacer;

- no quiero comprometerme;

- veré lo que puedo hacer.

Por lo tanto, usted no debe ser un voluntario en la obra de Dios, sino un miembro del cuerpo de Cristo.

Piense: ¿Cómo sería el funcionamiento de nuestro cuerpo si los ojos le dijeran al cerebro: bueno, como soy un voluntario, hoy no voy a ver? ¿Y si las piernas decidieran no andar? ¿Si el corazón dejara de latir?

¿Notaron cuán peligroso es este concepto de ser sólo un voluntario? Somos miembros del cuerpo de Cristo, estamos comprometidos y unidos, somos dependientes de las otras partes, y la cabeza de este cuerpo es Dios. Cristo es el Señor del cuerpo; soy un miembro, y él es el que debe dirigir y dar las órdenes.

 

“Debemos ser miembros comprometidos y no solamente voluntarios”

 

Cuarto mito: La fidelidad como un negocio conveniente con Dios.

Esto parece correcto, pero no lo es desde el punto de vista bíblico. ¿Primero vie­ne el diezmo o la bendición? ¿Qué tengo para negociar con Dios, si a él le pertenece todo? ¿De dónde retira usted el diezmo? Primero viene la bendición, después el diezmo y la ofrenda. Diezmar y ofrendar son maneras de reconocer que todas las bendiciones (sueldo, ga­nancia, regalo, propiedad, otros) vienen de Dios. Es un momento de adoración en el que la mente vuelve hacia el Edén y el Calvario en profundo sentimiento de gratitud. "Esta es la única manera posible en que podemos manifestar nuestra gratitud y nuestro amor a Dios, porque él no ha provisto ninguna otra" (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 21).

 

Quinto mito: Predicar muchos sermones sobre la mayordomía lleva a la fidelidad de los miembros de iglesia.

Esto puede ayudar, pero no soluciona el problema. Por que, para un corazón que no está en comunión con Dios, los sermones o seminarios serán como la semilla que cayó en los pedregales, al principio se gozan y lo aceptan pero como no tienen raíces y no lo practican, rápido pasan al olvido. Por ello los dos desafíos más grandes de cada miembro son:

- Crear el hábito de andar diariamente con Dios, por medio del es­tudio de la Biblia y de la oración; es decir por medio de una relación íntima con Jesús.

- Reconocer a Cristo como Señor en todos los aspectos de la vida.

La mayordomía cristiana es un asunto espiritual, es un estilo de vida de quien acepta diariamente el señorío de Cristo.

 

En conclusión podemos decir:

“Para vivir la mayordomía cristiana, es necesario ser una persona espiritual.”

 

Para recordar:

A Dios no le podemos condicionar con nuestro dinero para que nos bendiga,

Lo único que él acepta es nuestra entrega total y sincera.

No olvide que el conoce cada corazón.

 

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- Recopilado y adaptado por Elvin T. Ventura B.

- Extraído del Primer Seminario de Enriquecimiento Espiritual “Salvo para ser Santo”

 

 

 
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