Kainos Ktisis
  Lecciones de un lápiz
 

Lecciones de un lápiz

(Por: Jonás Arrais)

 

Estamos llegando al final de otro año; el 2005 ya es casi historia. La Iglesia experimentó este año, con la bendición de Dios y la participación de los miembros y los dirigentes de las Iglesias, grandes conquistas en las diferen­tes áreas de actividades. Ahora, estamos en la época destinada a nombrar a los nuevos oficia­les de la iglesia para el próximo año eclesiásti­co. Ciertamente, un espíritu de gratitud y un deseo de alabanza invaden el corazón de todos. Recordemos, sin embargo, que mientras Jesús no vuelva a buscar a su iglesia, necesitaremos seguir adelante con la tarea que nos dejó.

Hablando de las autoridades que serán nombradas, sería muy importante que tome­mos consciencia de que todo lo que hacemos en favor de la iglesia, hayamos sido nombrados para desempeñar algún cargo o no, lo estamos haciendo para Dios.

Recientemente, leí una pequeña historia, de la que podemos extraer algunas lecciones útiles para los que conducen la iglesia. Un muchachi­to miraba cómo su abuelo escribía una carta. En cierto momento, le preguntó:

¿Estás escribiendo la historia de algo que nos pasó a nosotros? Y, por casualidad, ¿es una historia acerca de mí?

Sí, es verdad; estoy escribiendo sobre ti -respondió el abuelo- Pero, más importante que las palabras que escribo, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que, cuando crezcas, fueras como él.

El muchachito observó el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial en él.

¡Pero este lápiz es igual que todos los lápi­ces que vi en mi vida! -replicó-.

Todo depende del modo en que veas las cosas -respondió el anciano-

Hay cinco cua­lidades en este lápiz que, si logras tenerlas, te harán siempre una persona en paz con el mundo.

Primera cualidad: tú puedes hacer grandes cosas, pero nunca debes olvidar que hay una mano que guía tus pasos. Esa mano es la mano de Dios y, si se lo permites, te indicará siempre el camino de su voluntad.

 

Segunda cualidad: de vez en cuando nece­sito dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco pero, al final, está más afilado. Por lo tanto, debes saber soportar algunos dolores, porque ellos harán que seas una mejor persona.

 

Tercera cualidad: el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que estaba mal. Recuerda que corregir una cosa que hicimos no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenemos en el cami­no de la justicia.

 

Cuarta cualidad: lo que realmente importa no es el lápiz, ni la madera con que fue hecho ni su forma exterior, sino la mina de grafito que está adentro. Por lo tanto, cuida siempre aquello que sucede dentro de ti.

 

Finalmente, la quinta cualidad: el lápiz siempre deja una marca. De igual modo, debes saber que todo lo que hagas en la vida dejará trazos; por eso, trata de ser consciente de cada acción.

 

Elena G. de White dice, al respecto: "Los que han sido designados para cuidar los inte­reses espirituales de la iglesia deben esmerarse por ser un buen ejemplo sin dar ocasión a la envidia, los celos o las sospechas, y manifestar SIempre el mismo espíritu de amor, respeto y cortesía que desean estimular en sus hermanos" (joyas de los testimonios, t. 2, p. 82)

 

Jesús era aquello que enseñaba. Eso es lo que hizo que sus enseñanzas fueran tan efica­ces. Los ancianos de iglesia deben ser lo que quieren que los demás sean, deben creer en lo que esperan que sus fieles crean y amar a Cris­to de la forma que desean que ellos lo amen. Los ancianos deben ser capaces de decir, como Pablo: "Sed imitadores de mí, así como yo soy de Cristo" (1º Col 11:1). ¡Piense en eso!

 

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- Jonás Arrais, es secretario asociado de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana.

- Publicado en la Revista del Anciano, Octubre-Diciembre del 2005.

 
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