Kainos Ktisis
  Mitos sobre la Espiritualidad
 

Parte 04:

Mitos sobre la Espiritualidad

 

Introducción

Mientras que la relación con Dios tiene impacto directo en el estilo de vida y el hacer de una persona, es muy fácil sustituir la relación con Dios por el hacer, o perder esa relación desviándose hacia una religión basada en el “que hacer y que no hacer” centrada en el trabajo o las responsabilidades con la iglesia.

En este aspecto de la mayordomía también se han creado mitos como los siguientes:

 

Primer mito: “El mito de la bondad”

Se cree que una persona es espiritual si es buena...

Debemos analizar si nuestros actos de bondad no son forzados e interesados, o talvez lo hacemos solo para que nos vean y nos feliciten, si así fuere, entonces no es fruto del Espíritu Santo. Reflexionemos en esta gran verdad:

“La verdadera generosidad no es dar de lo que nos sobra, sino aun de lo que nos falta”

Si aceptaste esta verdad, te pregunto: ¿tienes algo para compartir?

 

Segundo mito: “El mito del conocimiento”

Se cree que una persona es espiritual si conoce su Biblia.

El conocimiento puede conducirnos hacia dos caminos:

Uno es el más peligroso pero no el más común, y ese es el camino a la soberbia, y más aun, la soberbia espiritual que es la más peligrosa.

El otro nos conduce a conocer el carácter de Jesús, ese carácter que debemos lograr si deseamos llegar al cielo, y esto sólo lo lograremos si nos sometemos cada día al poder transformador de Dios.

 

Tercer mito: “El mito de la asistencia a la iglesia”

Se cree que una persona es espiritual si asiste regularmente a la iglesia.

Siempre se ha dicho con mucha verdad que el estar o pertenecer y asistir regularmente a una iglesia, no es garantía que una persona este creciendo espiritualmente, y por ende no esta segura su salvación. Recordemos que Jesús contó la parábola de la moneda perdida, y esta estaba perdida dentro de la casa

 

Cuarto mito: “El mito del estilo de vida”

Se cree que una persona es espiritual si tiene un estilo de vida cuidadoso.

Hay personas que fundamentan su “vida  cristiana” en el “que hacer y que no hacer” pero este esfuerzo por conservar una imagen exterior no significa que Dios este trabajando en su transformación, con toda seguridad que en cualquier momento  se manifestará su verdadera personalidad.

 

Quinto mito: “El mito de el líder de iglesia”

Se cree que una persona es espiritual si es líder en la iglesia.

Muchas veces cuando a una persona se le confía un cargo en la iglesia o en las más altas funciones administrativas de la organización, empieza a cambiar su personalidad, pero lo lamentable es que generalmente son cambios negativos, como un embargo de soberbia y vana autoridad, cambian en su manera de tratar con sus demás consiervos, cuando debería suceder lo contrario. Siempre recuerdo estas palabras sabias que explico un pastor en el seminario.

“Los cargos no nos hacen más espirituales, sólo nos dan más responsabilidad para orar, estudiar y consagrarse cada a Dios”

 

Sexto mito: “El mito de el ganador de almas”

Se cree que una persona es espiritual si tiene muchos bautismos.

En cierto lugar había un hermano que siempre llevaba almas al bautismo, pero no paso mucho tiempo este hermano fue puesto en disciplina en su iglesia, ¿por que?, es que estaba en pecado... La siguiente pregunta es ¿Y como ganaba almas para Cristo? ¿Dios aceptaba esas almas o no? Tal vez la respuesta este en esta declaración:

“El hecho de que Dios lo use en su obra no quiere decir que usted sea espi­ritual, lo hace por amor a esas otras personas. En caso que usted llegue a ser una persona espiritual, Dios puede usarlo mejor”.

 

La reflexión pertinente sería: “Debemos preocuparnos por la salvación de nuestros prójimos, pero sin olvidar la nuestra”

 

Séptimo mito: “El mito del pecado”

Se cree que una persona no es espiritual si peca.

No debemos olvidar que nuestra naturaleza es la tendencia a hacer el mal, o sea, cometer pecado. Una persona por más espiritual que sea, también es humana. “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”. Decía Pablo en su carta a los Romanos, este versículo muestra como una  persona espiritual como Pablo también tenia caídas, pero nunca se conformaba con convivir con ellas, sino que con mucha mas fuerza pide socorro desde lo alto.

 

Octavo mito: “El mito de la pobreza”

Se cree que una persona es espiritual si es pobre.

“Porque no faltarán pobres en la tierra.  Por eso te mando que abras tu mano a tu hermano, a tu pobre y a tu menesteroso en tu tierra” (Deut. 15:11)

Este versículo manifiesta que Dios utiliza a los pobres como instrumentos para que los que reciben las bendiciones del Señor tengan el privilegio de compartir con ellos. Jesús mismo dijo que lo que hagamos con los pobres, lo hacemos son él. Sin embargo esto no quiere sentencia o no quiere decir que los cristianos siempre deben ser pobres, o que los pobres son más espirituales.

Para sustentar esto solo recordemos algunos hijos fieles y espirituales del antepasado que eran hombres poseedores de cierta riqueza material tales como: Job, Abraham, Jacob, José, David, Salomón....etc.

 

Noveno mito: “El mito de la dadivosidad”

Se cree que una persona es espiritual si da mucho.

Recordemos que en la iglesia hay diferentes tipos de cristianos, entre ellos personas que diezman y ofrendan sin conocer a Jesús,... ¿tiene  sentido?

Se ha tratado la mayordomía como un concepto materialista, cuando es primariamente un tema espiritual.

No olvidemos este pensamiento:

 Es mas fácil que Dios use el dinero de los egipcios, o de los mundanos, que el dinero de un cristiano falso, que no va diariamente a la presencia de Jesús

 

Décimo mito: “El mito de la oración”

Se cree que una persona es espiritual si ora bien y bastante.

Estas oraciones generalmente son para el público presente y no para Dios.

Muchas veces hay personas que para orar usan un vocabulario exquisito y un tono que refleja cierta personalidad y categoría, esto abominable a Dios, ya que el Señor no requiere palabras exquisitas y cultas sino un corazón humilde, contrito y dispuesto a ser renovado.

 

La espiritualidad es el señorío de Jesucristo realizado.

Es esa calidad de vida que responde a la iniciativa de Dios, buscando escuchar su voz y centrándonos en él, manteniendo un corazón abierto a Dios y una sumisión absoluta a su Palabra.

 

Pasos sugerentes para lograr una verdadera espiritualidad

 

1. Escoge una hora: Así como tienes una determi­nada hora cada día para tus comidas, elige también una hora para estar a solas con Dios, para meditar, orar y leer las Escrituras. ¿Sabes que cada día de 24 horas tienes a tu disposición 96 períodos de 15 minutos? ¿Por qué no reservar, entonces, 2 o 3 de esos períodos para la comunicación diaria con Dios?

2. Escoge un lugar: El lugar para tu hora de comu­nión debe ser silencioso, y donde otras personas no puedan estropear tu concentración y atención. Puede ser en la sala, en el dormitorio, en el escritorio, o en medio de la naturaleza, debajo de un árbol, a orillas de un río, como frecuentemente hacía Jesús. Lo importante es que el lugar sea, de preferencia, el mismo cada día, y que tú te sientas cómodo.

3. Procura tranquilizarte: Olvida, en esa hora, tus preocupaciones, y emplea los primeros minutos en total silencio, preparando así el corazón para la comunión con Dios. Si mientras transcurre la hora de comunión te viene a la mente algo importante de tu trabajo, anótalo en una hoja de papel, y así dejará de molestarte.

4. Ten en vista el objetivo de esa hora: Estás allí para meditar, para hablar con Dios, para oír su voz, para orar. No permitas que ninguna otra cosa te desvíe de ese plan. No uses ese tiempo para pensar en programas de la iglesia, o en cosas semejantes. Esa es la hora dedicada a la comunión con Dios, sin ningún otro compromiso.

 5. Comienza con una invocación: Habla con Dios con total naturalidad. Invítalo a estar contigo en aquella hora, y pídele que te bendiga en los momen­tos de meditación, lectura de la Biblia y oración.

6. Usa la Biblia: Escoge una porción de la Palabra de Dios y léela tranquilamente, meditando en cada frase, en cada punto allí expuesto, procurando oír la voz de Dios a través de esa lectura. El Espíritu Santo podrá revelarte maravillosas verdades para tu vida cristiana. Si lo prefieres, puedes comenzar por los evangelios, leyendo un tópico cada día.Te sorprende­rás con la cantidad de nuevas gemas preciosas que descubrirás. Ten a la mano un cuaderno para anotar tus nuevos descubrimientos del Libro Sagrado.

7. Otros libros devocionales: Además de la Biblia, puedes leer otros buenos libros para la meditación, tales como El camino a Cristo, El Deseado de todas las gentes, Palabras de vida del gran Maestro, El discurso maestro de Jesucristo, y tantos otros. Lo importante no es leer mucho, sino leer y meditar en una porción que sea suficiente para tu alimentación espiritual. Medita y digiere, serenamente, lo que lees.

8. Momentos de oración: Ahora estás preparado para hablar más detenidamente con Dios. Como a un amigo, cuéntale todo lo que desees. Preséntale tus preocupaciones. Elena de White dice: "Presenta a Dios tus necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No puedes agobiarlo ni cansarlo [...]. Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aun por nuestra presentación de ellas. Llévale todo lo que confunda tu mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que él no la pueda soportar; él sostiene los mundos y gobierna todos los asuntos del universo. Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que él no la note" (El camino a Cristo, p. 100). Ora todo el tiempo que desees, tanto como Dios te inspire a hacerlo.

9. ¿Cuánto tiempo se debe emplear en la comu­nión? No se puede prescribir un tiempo igual para todos. Algunos se inician con quince minutos diarios, y después van aumentando a medida que crece la capacidad de meditación y comunión. La alegría de esa hora es progresiva. Dice Elena de White que harí­amos bien en pasar una hora, cada día, meditando sobre la vida de Jesús y sus enseñanzas (ver El Deseado de todas las gentes, p. 63).

Ahora tan solo te resta comenzar y perseverar. No te desanimes si algún día surge algún impedimento. Recomienza de nuevo y procura hacer cada vez más regular tu hora de comunión. Como resultado de eso, disfrutarás más y más de la alegría de la salvación, y tendrás el placer de testimoniar a otros de tu fe y tu fidelidad, porque "el corazón que más plenamente descansa en Cristo es el más ardiente y activo en el trabajo para él" (El camino a Cristo, p. 71).

(Este mensaje fue tomado del libro Conocer a Jesús es todo, capítulo 9.)

 

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- Recopilado y adaptado por Elvin T. Ventura B.

- Extraído del Primer Seminario de Enriquecimiento Espiritual “Salvo para ser Santo” y “Comunión y Santidad”

 
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