Kainos Ktisis
  Introducción a El Código Da Vinci
 

Introducción a El Código Da Vinci

(Michael Gleghorn)

La tremendamente exitosa novela de Dan Brown, El Código a Vinci, ha generado un enorme interés en el público lector. A la fecha, el libro ha vendido unos cinco millones de ejemplares. Aparentemente, Ron Howard ha dado su acuerdo para dirigir la historia para Sony Pictures Entertainment, y posiblemente la lleve a las pantallas en 2005.{1}

Pero, ¿por qué tanto alboroto? Y ¿por qué ha causado tanto revuelo la novela de Brown? La historia comienza con el asesinato del director del Louvre, dentro del museo. Pero el director no está interesado solo en el arte; es, también, el Gran Maestro de una sociedad secreta conocida como El Priorato de Sion. El Priorato guarda un antiguo secreto que, de ser revelado, minaría la autoridad de la iglesia y desacreditaría completamente el cristianismo bíblico. Antes de morir, el director intenta pasar el secreto a su bisnieta, Sofía, una criptógrafa, y a Robert Langdon, un profesor de Harvard, dejando una serie de pistas que espera que los guiarán a la verdad.

Entonces, preguntará usted, ¿cuál es el secreto? El lugar, la verdadera identidad, del muy buscado Santo Grial. Pero, en la novela de Brown, el Grial no es la copa supuestamente usada por Cristo en la Última Cena. Más bien, es la persona de María Magdalena, ¡la esposa de Jesús, que mantuvo el linaje real de Cristo dando a luz a su hijo! ¡El Priorato de Sion guarda celosamente la ubicación secreta de la tumba de María y está encargado de proteger el linaje de Jesús, que ha continuado hasta hoy!

Pero, ¿hay alguien que tome en serio estas ideas? Sí; de hecho, lo hay. Esto se debe, en parte, a la forma en que Brown ha escrito su historia. Si uno empieza a leer El Código Da Vinci, la primera palabra que encuentra, en negrita y mayúsculas, es "HECHOS". Poco después, Brown escribe: "Todas las descripciones de ilustraciones, arquitectura, documentos y ritos secretos en esta novela son exactas".{2} Y, el lector promedio, sin ningún conocimiento o capacitación especial en estas áreas, dará por sentado que la afirmación es verdadera.

Pero no lo es. Y se han escrito muchos artículos documentando específicamente algunas de las imprecisiones de Brown en estas áreas.{3} Pero Brown, además, tiene una forma de hacer que las novedosas teorías acerca de Jesús y la historia primitiva del cristianismo de la novela parezcan creíbles. Las teorías son adoptadas por los personajes más cultos de la novela: un historiador real británico, Leigh Teabing, y un profesor de Simbología Religiosa de Harvard, Robert Langdon. En boca de estos personajes, el lector desprevenido queda con la impresión de que las teorías son, en realidad, verdaderas. Pero, ¿lo son?

En el resto del artículo, mi argumento será que la mayor parte de lo que Brown nos cuenta de Jesús, la Biblia y la historia de la iglesia primitiva, es simplemente falso.

¿Alteró Constantino nuestros cuatro Evangelios?

Los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que más tarde fueron reconocidos oficialmente como parte del canon (o "regla de fe") del Nuevo Testamento, ¿fueron alterados y "mejorados" intencionalmente en el siglo IV por orden del emperador Constantino? Esto es lo que Leigh Teabing, el historiador real ficticio de El Código Da Vinci, sugiere. En un punto dice: "Constantino encargó y financió una nueva Biblia, que omitía aquellos evangelios que hablaban de los rasgos humanos de Cristo, y alteró aquellos Evangelios que lo hacían aparecer con características de Dios". (234). Pero, ¿es esto realmente verdad?

Es cierto que en una carta al historiador de la iglesia primitiva, Eusebio, Constantino ordenó la preparación de "cincuenta copias de las Sagradas Escrituras".{4} Pero en ninguna parte de la carta ordena que ninguno de los Evangelios sea alterado a fin de hacer aparecer a Jesús más como Dios. Y, aun si lo hubiera hecho, habría sido prácticamente imposible lograr que los fieles cristianos aceptaran este tipo de relatos.

Antes del reinado de Constantino, la iglesia había enfrentado una persecución generalizada bajo el emperador Diocleciano. ¡Resulta difícil creer que la misma iglesia que había soportado esta persecución de pronto arrojaría por la borda sus amados Evangelios para abrazar relatos alterados de la vida de Jesús! Además, con toda seguridad, de haber intentado hacer algo así Constantino, tendríamos bastante evidencia en los escritos de los Padres de la Iglesia. Pero esta evidencia falta por completo. Y, finalmente, decir que los líderes de la iglesia del cuarto siglo, muchos de los cuales había soportado persecución por su fe en Cristo, accederían a unirse a Constantino en una gran conspiración de este tipo es completamente fantasioso. Simplemente no hay ninguna evidencia de que haya ocurrido jamás.

Un último punto. Tenemos copias de Mateo, Marcos, Lucas y Juan que son significativamente anteriores a Constantino y al Concilio de Nicea. Si bien ninguna de las copias está completa, sí tenemos copias casi completas tanto de Lucas como de Juan en un códice fechado entre 175 y 225 d.C., al menos cien años antes de Nicea. Otro manuscrito, fechado alrededor de 200 d.C. o antes, contiene la mayor parte del Evangelio de Juan.{5} Pero, ¿por qué es importante esto?

Primero, podemos comparar estos manuscritos prenicenos con los que siguieron a Nicea para ver si hubo alguna alteración. No hubo ninguna. Segundo, las versiones prenicenas del Evangelio de Juan incluyen algunas de las declaraciones más fuertes registradas sobre la deidad de Jesús (ej: 1:1-3; 8:58; 10:30-33; etc.). Es decir, ¡las declaraciones más explícitas de la deidad de Jesús en cualquiera de nuestros Evangelios ya se encuentran en manuscritos que antedatan a Constantino en más de cien años! Esto en cuanto a la teoría de que fueron alterados. Pero, ¿podemos confiar en estos Evangelios?

¿Podemos confiar en los Evangelios?

Si bien no hay ninguna base histórica para la afirmación de que Constantino alteró los Evangelios del Nuevo Testamento para que hicieran aparecer a Jesús más parecido a Dios, todavía debemos preguntar si los Evangelios son fuentes confiables y fidedignas de información sobre Jesús. Según Teabing, el historiador ficticio que encontramos anteriormente: "Casi todo lo que nuestros padres nos enseñaron acerca de Cristo es falso" (235). ¿Es cierto esto? La respuesta depende, en gran manera, de la confiabilidad de las biografías más antiguos que tenemos de Jesús, los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Cada uno de los Evangelios fue escrito en el primer siglo d.C. Si bien son, técnicamente, anónimos, tenemos evidencia bastante fuerte de escritores del segundo siglo, como Papías (c. 125 d.C.) e Ireneo (c. 180 d.C.), que atribuye cada Evangelio a su autor tradicional. Si su testimonio es verdadero (y tenemos pocos motivos para dudarlo), entonces Marcos, el compañero del discípulo Pedro, escribió la esencia de la predicación de Pedro. Y Lucas, el compañero del apóstol Pablo, investigó cuidadosamente y escribió la biografía que lleva su nombre. Finalmente, Mateo y Juan, dos de los doce discípulos de Jesús, escribieron los libros que se les atribuyen. Si todo esto es correcto, entonces los sucesos registrados en estos evangelios "están basados en el testimonio directo o indirecto de testigos oculares".{6}

Pero, los escritores de los Evangelios, ¿tuvieron la intención de registrar de forma fidedigna la vida y el ministerio de Jesús? ¿Estaban, siquiera, interesados en la historia, o acaso sus intenciones teológicas opacaron todo deseo que pudieran haber tenido de decirnos lo que realmente pasó? Craig Blomberg, un estudioso del Nuevo Testamento de Denver Seminary, observa que la introducción del Evangelio de Lucas "se parece mucho a los prólogos de obras históricas y biográficas de la antigüedad en las que la gente confía generalmente". Además, señala que, dado que Mateo y Marcos son muy similares a Lucas en términos de género, "parece razonable que la intención histórica de Lucas reflejaría muy estrechamente la intención de ellos".{7} Finalmente, Juan nos dice que escribió su Evangelio para que la gente pudiera creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que, al creer, pudieran tener vida eterna en su nombre (20:31). Si bien podemos reconocer que esta declaración revela una clara intención teológica, Blomberg señala que "si una se va a convencer lo suficiente como para creer, la teología tiene que fluir de la historia exacta".{8}

Es interesante que las disciplinas de la historia y la arqueología son una gran ayuda para corroborar la confiabilidad general de los escritores del Evangelio. Donde estos autores mencionan personas, lugares y sucesos que pueden ser verificados con otras fuentes antiguas, se demuestra consistentemente que son bastante confiables. Por lo tanto, tenemos buenos fundamentos para confiar en los Evangelios del Nuevo Testamento.

Pero, ¿qué pasó con los "evangelios" que no llegaron a entrar en el Nuevo Testamento? Específicamente, que pasó con los documentos de Nag Hammadi?

Los evangelios de Nag Hammadi

Desde su descubrimiento en 1945, ha habido mucho interés en los textos de Nag Hammadi. Pero, ¿qué son estos documentos? ¿Cuándo se escribieron, por quiénes, y con qué propósito? Según Teabing, le historiador ficticio de El Código Da Vinci, los textos de Nag Hammadi representan "los registros cristianos más antiguos" (245). Estos "evangelios inalterados", dice, cuentan la verdadera historia acerca de Jesús y el cristianismo primitivo (248). Los Evangelios del Nuevo Testamento son, supuestamente, una versión posterior y adulterada de estos sucesos.

El único problema con la teoría de Teabing es que es errónea. Los documentos de Nag Hammadi no son "los registros cristianos más antiguos". Cada uno de los libros del Nuevo Testamento es anterior a ellos. Los documentos del Nuevo Testamento, incluyendo los cuatro Evangelios, fueron escritos todos en el primer siglo d.C. En contraste con estos documentos, las fechas de los textos de Nag Hammadi van del segundo al tercer siglo d.C. Como señala el Dr. Darrell Bock, en su próximo libro, Breaking the Da Vinci Code, "El grueso de este material dista algunas generaciones de los fundamentos de la fe cristiana, un punto vital a recordar al evaluar los contenidos".{9}

¿Qué sabemos, entonces, acerca del contenido de esto libros? Suele haber acuerdo en que los textos de Nag Hammadi son documentos gnósticos. El fundamento clave del gnosticismo es que la salvación se obtiene a través de un conocimiento secreto y esotérico. Como resultado, los evangelios gnósticos, en fuerte contraste con sus contrapartes del Nuevo Testamento, no asignan prácticamente ningún valor a la muerte y resurrección de Jesús. Por cierto, la cristología gnóstica tendía a separar al Jesús humano del Cristo Divino, y los consideraba como dos seres distintos. No fue el Cristo Divino el que sufrió y murió; fue simplemente el Jesús humano, o tal vez Simón de Cirene mismo.{10}En realidad, a los gnósticos no les importaba mucho, porque, según su forma de ver, la muerte de Jesús era irrelevante para obtener la salvación. Lo verdaderamente importante no era la muerte del hombre Jesús sino el conocimiento secreto que trajo el Cristo Divino. Según los gnósticos, la salvación venía a través de una comprensión correcta de este conocimiento secreto.{11}

Está de más decir que estas doctrinas son incompatibles con la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de Cristo y la salvación (ej: Romanos 3:21-26; 5:1-11; 1 Corintios 15:3-11; Tito 2:11-14). Irónicamente, son también incompatibles con la perspectiva de Teabing de que los textos de Nag Hammadi "hablan del ministerio de Cristo en términos muy humanos" (234). Los textos de Nag Hammadi, en realidad, presentan a Cristo como un ser divino, si bien de forma bastante diferente de la perspectiva del Nuevo Testamento.{12}

Por lo tanto, los textos de Nag Hammadi son posteriores a los escritos del Nuevo Testamento y se caracterizan por una cosmovisión que es completamente ajena a su teología. Los Padres de la Iglesia fueron sabios al rechazarlos para el canon del Nuevo Testamento. Pero, ¿cómo decidieron cuáles libro incluir?

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